Los códigos DPM forman parte de la superficie del producto.
Las marcas directas de las piezas se pueden grabar con láser, marcar por micropercusión, entintar o moldear en metal, plástico, vidrio o cerámica. El lector debe manejar un contraste menor que el de muchas etiquetas impresas.
El ángulo de iluminación controla la visibilidad de la marca.
Un código puede desaparecer bajo una luz plana y volverse legible bajo una luz direccional o de ángulo bajo. Es por eso que las pruebas DPM deben incluir piezas reales, no solo el tamaño del código.
La tasa de lectura es la métrica de aceptación real.
Un lector de producción debe decodificar repetidamente pese a variaciones de superficie, velocidad y tolerancias de montaje. Una única lectura correcta en el banco de pruebas no basta para aceptar el sistema en la línea.